Publicidad:
La Coctelera
1

Circuito de luz

Cuando damos sin reparos, recibimos sin orgullos y nos restringimos a cada paso dejando ir la necesidad de obtener resultados de todo y por todo; comenzamos un maravilloso circuito de luz qe nos revela y eleva

"Sólo el alma proporciona una fuerza que puede transformar el deseo de recibir sólo para sí mismo, en el deseo de recibir con el propósito de compartir"

Rav. P.S. Berg


Hoy, piensa que tanto compartiste, qué tanto te permitiste recibir y qué tanto, lo hiciste sin más...

2

He retornado...

Desde el silencio y el ostracismo proximamente me volveré a leer...

0

ESTUDIOS CULTURALES

INTRODUCCIóN

La subjetividad que intrínsecamente se deriva del Ser, cuenta a lo largo de su historia, la serie de elementos que lo asocian en un tiempo y espacio específicos y que se vuelven comunes al traspolarlos, en las fronteras del compartimento comunitario.

De su entendimiento y menester, se gesta de forma imperceptible, el carácter abstracto de representaciones simbólicas que denominamos como Cultura.

Asimismo dice Hall, cultura es el terreno bien cimentado de las prácticas, representaciones, lenguas y costumbres de una sociedad concreta. (1996). Todo lo que el hombre conforma y deconstruye para así regenerarse en concepto y sistema en un ámbito determinado. Dice Barker, en cultura, es lo que se refiere a unos significados compartidos, (1992).

En síntesis, la cultura debe entenderse como un modo de vida total (Williams, 1981), o bien, como sustenta el padre de las gestiones culturales, la cultura es el sistema vital de las ideas de un tiempo (Ortega y Gasset en El hombre y la gente).

La resonancia congruente y marcada entre diversos teóricos, estudiosos del proceso social y sus manifestaciones culturales, nos permite encontrar la base, para la comprensión de la importancia de, establecer en esta síntesis discursiva, si los estudios de la cultura, de sus fenómenos y representaciones, están en el ámbito correcto para ubicarse en el terreno científico, o por el otro lado, son el anatema de la ciencia social.

Por ello, conocer las líneas que los Estudios Culturales tienen establecidas como tal para su discernimiento, es no sólo una etapa adjunta a la realidad de la disciplina de la comunicación, sino que se convierte en un sistema de conceptos que se materializan en el campo práctico de lo social a partir de la resultante de exploración de dichos estudios.

EL ESTABLECIMIENTO Y LA TEORIZACIóN

Es a finales de la década de los cincuenta del siglo que antecede, que de forma necesaria y sucesiva a las transformaciones sociales que se gestaron a raíz de los hechos bélicos mundiales, que, primeramente, las sociedades de antaño conformadas por pequeños núcleos comunitarios y de baja producción económica, se mueven ideológicamente para comportarse como asociaciones productoras en serie de objetos materiales, que a su vez, dan origen a la producción de otros objetos, culturales éstos y abstractos, diferenciados por supuesto, del bagaje que los determinaba; haciendo de estas grandes sociedades productoras homogeneizadas, verdaderas máquinas industrializadoras de cultura, en un fenómeno del neo concepto de cultura de masas.

A lo anterior, y para poder establecer elementos reconocibles de validación de los Estudios Culturales, es tarea de inicio situar históricamente el nacimiento de los mismos. En segundo término, ubicar el génesis de los mismos, y por ende, imprescindible, la estructura metodológica -aunque no reconocible- que los EC han desarrollado, para comprender las categorías discursivas por las cuales se sujetan las actuales disertaciones y su probidad ante lo social como tesis de aplicación práctica y no sólo en lo que a teorizar se refiere.

Son tres los considerados “padres fundadores” de los EC, que, determinados por etapas sociales definidas, enfocan el status de la cultura a partir de estudios multidisciplinarios. Dice William Nuestro modo total de vida, desde el comienzo de nuestras comunidades hasta la organización y el contenido de la educación, y desde la estructura de la familia hasta el status del arte y del entretenimiento, está siendo profundamente afectado por el progreso y la interacción de la democracia y la industria, y por la extensión de las comunicaciones. Esta profunda revolución cultural es parte más importante de nuestra más significativa experiencia de vida, y está siendo interpretada y verdaderamente peleada hasta lo último, en muy complejos modos, en el mundo del arte y de las ideas. (Zubieta citando a Williams, 2000).
Era esta la visión interpretativa de lo que cultura como aspecto daba referencia en aquellos que se hacían manifiestos cada vez con mayor celeridad en la nueva sociedad industrializada.

En 1957, concretamente, sale a la luz, la primera publicación que se cuestiona y acuña definiciones sustanciales en torno a la operatividad de sustraer la cultura a un estudio con rigor metodológico, que desprenda las consideraciones de lo posible en cultura de masas y su afectación en la cultura popular. En ese contexto, la publicación del libro de Richard Hoggart The Uses of Literacy [1957] significa un giro decisivo (Sazbón en Altamirano, 2002).

Posteriormente, es Raymond William quien rigoriza el abstracto de cultura, al trasladar el eje conceptual de lo moral a lo antropológico, definiéndola como un proceso total, por medio del cual los sentidos y definiciones son construidos socialmente y transformados históricamente, con la literatura y el arte, cómo sólo una forma especialmente privilegiada, de comunicación social. (Altamirano citando a Hall [1980] 2000).

Es la misma línea ideológica, -antagónica para con la economía capitalista, y antítesis del marxismo puro, que surgido del mismo grupo del partido comunista de origen de Williams y Hoggart-, emerge en 1964, la obra La formación histórica de la clase obrera, de Edward P. Thompson.

Dice Hall [1992] el marxismo arrambla con cualquier concepción de una esencia universal de la personalidad poseída por todo individuo (Barker citando a Hall, 1992).

El marxismo como teoría determinista de los postulados primarios de los EC, con tutela en la esfera de la producción, esboza en su mecánica, la postura inflexible de sustraer la cultura como ente diferenciado de los procesos del individuo en su modelo social de producción. En este tenor, las ideas fundantes de los primeros estudiosos de la cultura como fenómeno social y no como apreciaciones desde lo bueno y lo malo, o lo correcto o no; connotan la sensibilidad en torno a los temas de la invasión de las formas culturales de la clase obrera inglesa por medio de las surgidas en el contexto de la industrialización y por ende, masificación de símbolos afines en los grupos sociales.

Parafraseando a Barker, en cuanto a que los EC no han sido un ámbito típicamente marxista, es importante mencionar que ellos –los EC- se han beneficiado del uso crítico de la teoría marxista, y fue trascendente elaborar un formato institucional que le diera carácter científico a las teorías vertidas acerca de cultura desde la visión antropológica, gracias, por supuesto, a las comparaciones y sustentos en la idea comunista de lo puro, en lo popular.

A partir de 1964, con la fundación del Centro de Estudios Culturales Contemporáneos en la Universidad de Birmingham, se reconocen las líneas de investigación de los EC, y arroja dicho centro de investigaciones, las primeras instancias definitorias de conceptos que redefine a su vez el gran concepto de cultura.

DEFINICIóN

Los estudios culturales pueden verse como un intento de hacer converger tradiciones desplazadas…en un espacio intelectual novedoso (Sazbón en Altamirano, 2002).

O bien, como un mapa… dónde se encontraría el cambio semántico de la palabra, no sólo las nuevas modalidades de uso, sino también el registro de nuestras reacciones en pensamientos y sentimientos por el cambio de las condiciones de nuestra vida en común (Williams, 1983).

Es decir, las formas institucionales por la vía del discurso teórico, en las cuales se funda la posibilidad de arrojar datos con estructura metodológica, que establecen de manera concisa, las nuevas leyes de ver y hacer cultura, pero con un elemento disonante y al mismo tiempo revolucionario para la creación de cultura como tal: los medios masivos de comunicación.
De la formulación de espacios discursivos para el análisis de la cultura, se derivan a la sazón de dichos estudios, temas que subyacen a la gran concepción de los EC con sus propios cuestionamientos y vértices retóricas propias de la diversidad que la cultura abarca no como objeto, sino como elemento conceptual; es decir, las derivaciones de lo que conlleva analizar de dónde provienen los sistemas, mismos de los que se desprenden otros tantos para entender el ingente conglomerado llamado cultura.

El gran asentamiento de los EC se genera a partir de la incursión al discurso de los mismos de Antonio Gramsci. Él deriva la génesis impoluta del interpretacionismo a una teoría con posibilidad operante.

Afirma Hall [1980], que Gramsci corrige masivamente el nivel ahistórico, altamente abstracto… la presencia del pensamiento gramsciano actúa entonces en un doble sentido: por un lado, en la construcción de un pensamiento antieconomicista que defiende la autonomía relativa de lo cultural, sin que esto implique culturalismo o idealismo, y dónde la noción de hegemonía permite la comprensión de la cultura como campo de lucha por el sentido de las sociedades occidentales; por el otro, el énfasis político de la tares intelectual, a partir de la definición del término como tal (Altamirano, 2000).

Ello, permitió que surgieran diversas líneas en cuanto a la postura de analizar la cultura desde procesos de lucha de clases, derivando ello, en temas de semiótica, etnografía y estudios subyacentes como los estudios de culturas juveniles, de género, la familia y toda la fragmentación, incluidos los medios masivos de comunicación.

CATEGORíAS

I. DE LO ABSTRACTO A LO CONCRETO
En el contexto de la cultura y su estudio como tal, se encuentra que, al aporte de entender como cultura a aquellas actividades del individuo en las que satisface a través de sus acciones, necesidades vitales o la realización de una vida personal en valores, Feldmann (1977) lo subdivide en y como cultura subjetiva; para posteriormente, allanar el camino hacia lo que inminentemente será la cultura objetiva como la que aparece en la historia de la humanidad como la expresión visible, palpable e interpretable de la fuerza creativa de sociedades culturales y hombres del pasado. (Feldmann, 1977).

En este rubro, es dónde encuentra mayor cabida el concepto como tal de creación cultural a través de los MMC, con una postura totalitaria y por ende, los subsecuentes EC, se verán matizados desde una perspectiva comunicacional. Éstos, reflejaran una historia de vida propia a partir de los efectos, forma y diseño de la comunicación de masas, así como sus entes y canales.

Asimismo, se entabla una relación dialéctica entre los EC y su forma de concebirlos a través de los medios, con aspectos culturales determinantes de la sociedad de masas, con elaboración real de productos culturales, asentados en la sociedad, del mismo corte en dónde el filme, la música, los impresos, son consumidos ávidamente en las propias estructuras culturales como la familia y sus roles, las relaciones de género, así cómo patrones de lenguaje y expresiones de sentido común.

ESTRUCTURAS CULTURALES ASPECTOS CULTURALES PRODUCTOS CULTURALES
ROLES DE FAMILIA LUGARES DE ESPARCIMIENTO MÚSICA
REL. DE GÉNERO TIPO DEPORTIVO FILMES
PATRONES DE LENGUAJE TIPO SOCIAL IMPRESOS
SENTIDO COMÚN FICCIÓN POPULAR

ENTENDIDO A TRAVÉS DE LOS MEDIOS MASIVOS DE COMUNIACIÓN

Dice Feldmann (1977) No existe, pues, ningún área de la cultura que pueda sustraerse a la influencia de los publicistas y programadores de los medios, ningún asunto público podría prescindir de su participación, ninguna vida espiritual, sin su acción, podría surgir efecto amplio en la sociedad.

Antes de abordar la perspectiva de método de los EC y su relación empírica con los medios de comunicación, es preciso establecer un segundo abordaje de categorización de los EC.

II. CODIFICACIóN / DECODIFICACIóN
La valoración concreta de la influencia de los productos culturales masivos en la sociedad y su consumo, establecen líneas específicas de investigación en torno a elementos susceptibles de análisis.

III. AUDIENCIAS
De las audiencias se postulan subcategorías determinadas por el Género, la edad, el espacio geográfico en que éstas se encuentran, los medios de los cuales se han apropiado y desde los que transculturizan posturas en su propio contexto.
La audiencia, establece el elemento de hegemonía a la tarea de los EC, vertical izando en gran medida el aporte de éstos, pero resulta indisociable un acercamiento a la comprensión futura del comportamiento social, sin el juicio alterno de cómo establece ésta su decodificación de los productos de la industria cultural.

En este orden, es vital para los EC comprender la relatividad de respuestas condicionadas en gran medida por la infraestructura mediática, la televisión, como medio masivo, soporta la red de documentos que se verterán en las etapas subsecuentes de los EC en las décadas de los setenta, ochenta y mediados de los noventa.

Lo anterior deriva en una formalización del ejercicio de .los EC, pues se polariza el objeto de estudio en el campo, efectuando una demagogia disciplinaria, como apunta Mattelart (1997) un teoricismo acendrado.

Las derivaciones propias del tema de estudios acerca de productos mediáticos y concretamente el movimiento cultural de las audiencias, sin duda, emancipan el carácter de especialización de la comunicación y sus objetos; mismos que a su vez reestructuran códigos diversos de conformación de otros estudios en el ámbito de la comunicación.

Aunque hay autores que se resisten a dar posesión a la Comunicación de una acepción como disciplina, es notorio que pese a su metodología empírica, resiste embates de forma en cuanto a la rigurosidad del método por alcanzar cifras que, en el marco científico, deben suscribirse a elementos cuantitativos para ser considerados datos de aporte científico.

Por ello, las audiencias pueden permear el carácter de la formación social de que se trate. De ahí que su constitución como sujetos e las diversas prácticas comunicativas representan diversas “calidades”, es decir, grados de libertad en la producción de sentido, y diversas capacidades de imponerlo o sufrir su imposición (Fernández/Yépez citando a Martín Barbero [1978], 1984).

Así, consideramos que uno de los aportes sustanciales en cuanto a EC se refiere, es aquél que, aunque embanastado, ha trastocado los perfiles del quehacer masivo de la televisión.

La televisión puede contribuir a la política cultural de la identidad, ampliando la gama de voces e identidades vistas y oídas en la esfera pública. Es decir, en la televisión deberíamos buscar una diversidad de representaciones (Barker, 1992), a través de las cuales, se rescaten las poliformas lingüísticas y etnográficas que, visualmente la televisión recoge, y globaliza.

En este orden, Eco (1987) medita y comparece lo que se necesita es una forma de guerrilla semiológica, en la que las audiencias estén mejor equipadas para descodificar los programas de distintas maneras y sean concientes de la manera en que la televisión controla las fronteras del significado.

Aquí el asunto ya refiere una técnica de la teoría, que permita a través de los EC, solidificar los aciertos consecuentes de los aportes en la investigación y fomentar otro de los pilares de los actuales EC en materia ya no de aculturación, sino de un entendimiento metodológico del la apertura de fronteras culturales a partir de la mediación como el estudio de la hibridación cultural (Canclini, 2003) o bien desde el enfoque intercultural (Mc Entee, 2003).

CONCLUSIóN

Actualmente los EC enfrentan una crisis de identidad ante la enorme vertiente de estudios que requieren más que un retocado discurso, necesitan en todos los sentidos de la formación ya reiterada, de una estructura de método cuantitativo que aporte científicamente, paradigmas que den pie a asentamientos en lo práctico.

Y en este tema fundacional, dicen Fernández y Yépez que la comunicación, así expresa y dinamiza a la cultura al mismo tiempo. En la medida en que el significado tiene una eficacia social y antropológica, del proceso que la dinamiza, la comunicación, adquiere un valor en función del significado generado y de la forma en como éste es producido.(1984).

Es por ello, que la vinculación no casual de los MMC con el aporte de los EC, están estrechamente correlacionados y determinados, ambos, de las resultantes en la teoría inicial.

Y aunque parece un juego de palabras retocadas, es en la más simplista de las versiones de entendimiento de existencia de los EC, la forma de generar procesos que cultiven otras tantas formas de hacer y ser cultura, desde lo popular, hacia lo global, sin dejar de lado, las intersecciones que en el eje temático se derivan para postular nuevas formas culturales, a través de naturaleza misma.

BIBLIOGRAFíA

Comunicación Intercultural, Bases para la comunicación efectiva en el mundo actual, McEntee, Eileen, 2003, México. Edit. Mc Graw-Hill.

Comunicación y teoría social, Antología. Fernández Christlieb, Fátima y Yépez Hernández, Margarita, 1984, México. Edit. UNAM.

Culturas Híbridas, García Canclini, Néstor, 2003, México. Edit. Grijalbo.

Cultura popular y cultura de masas, Conceptos, recorridos y polémicas, Zubieta, Ana María y colaboradores, 2000, Buenos Aires, Arg. Edit. Paidós.

Cultura y comunicación, Prieto Francisco, 1998, México. Edit. Coyoacán.

La cultura popular, Columbres, Adolfo, compilador. 1982, México. Edit. Coyoacán.

Introducción a la moderna antropología cultural, Bock, K. Philip, 1985, México. Edit. Fondo de Cultura Económica.

La Era de la Información, economía, sociedad y cultura. Vol. III, Castells, Manuel, 2001, México. Edit. Siglo Veintiuno.

La ciencia de la comunicación humana, Klapper, Joseh, 1982, México. Edit. Grijalbo.

Televisión, globalización e identidades culturales, Barker, Chris, 1992, Buenos Aires, Arg. Edit. Paidós

Teoría de los medios Masivos de Comunicación, Feldmann, Erich, 1977, Argentina. Edit. KApelusz.

Términos críticos de la sociología de la cultura, Altamirano Carlos7Director, 2002, México. Edit. Paidós.

Erika

0

ENSAYAR A SER GLOBAL

DEL INTERIOR A LOS BRAZOS ABIERTOS

Cuando, en lo más recóndito de mis ausencias, en el diálogo íntimo del yo, ahí, en el silencio absoluto de mis oraciones; puedo sentir el abstracto de la universalidad y al mismo tiempo, el poder ejercer el sentido de la unicidad.

Son impávidos momentos de racionalidad y derivados de ellos, una sola realidad. Con el mundo, con sus formas, leyendas y lenguaje y así, me inserto poco a poco en la gran burbuja llamada globalidad.

Desde mi encuentro conmigo, accedo sin dilucidarlo demasiado, en el proceso lento, no efímero, de homogeneización; trasciendo y transmuto, esencias, ideas, creencias y métodos que se dispersan por todo mi entorno local y crecen y se eco transportan como las ondas en el río, que la piedra lanzada desde el aire al caer, genera.

En ello, entiendo el riesgo de ínter depender, paulatinamente, de la micro unidad que representa mi entorno, al espacio cada vez más grande de la Identidad mundial global.

Del pertenecer a un conglomerado que me ubique en tiempo y espacio y que acorde, trascienda de lo conceptual a lo cognitivo y de ello, a la sublimación mental, Está el riesgo.

Paralelamente surgen las constantes de ¿cómo abstraer tanta sinergia y no ser lanzados en la vorágine de lo masivo?, ¿no desvirtuar aquello que nos permite adaptar y no ser blandidos en esta interconectividad?, ¿cómo derivar en una formación global del sentido del mundo, desde lo que se puede y lo que se quiere, sin que exista una confrontación en ello?

Lo paradigmático me intenta definir, pero en la búsqueda de la pertenencia, se sabe desde lo básico, que no hay globalidad posible sin una definitoria de localidad; que lo que hoy “exporto” al mundo desde mis propios nichos, es aquello que se traspola a un todo y determina lo social, cultural y por supuesto, económico.

Ante ello, no será menester propio, el intentar dilucidar lo que la globalidad implica en los macro entornos preexistentes, sino desde esta tribuna muy rupestre y en la plataforma de la educación, considero, insisto y retomo, puede ser el abanico de opciones que permitan un entendimiento inteligente, propositivo y transformador de la vinculación entre lo diverso a lo igualitario sin denostarse, desde el conocimiento aplicado, en un marco simbiótico, mesurado y culturalmente emprendido y aprehendido.

APRENDER A VER Y ENTENDER

Los procesos de globalización exponen de manera cruenta los diferendos de los cuales el ser humano como tal, es capaz de gestar en aras de la modernidad, misma que implica desarrollo tecnológico y científico, y la posibilidad de obtener el poder, que en la toma de decisiones afectan a un conglomerado. Ello, en un común entendido de identidad, significa progreso y obtención “legal” de derechos.

Las enormes diferencias entre conceptos de justicia y su nula jurisprudencia, trastocan el ideal de emancipación de cualquier pueblo que aspire a ser libre, soberano y recto.

Somos nosotros mismos a través de nuestras pequeñas células de influencia, que sin medida ni razón, fortalecemos las divergencias, por una parte, aceptando el masivo cultural de influencia a través de fenómenos como el consumismo, sin analizar ni evidenciar los beneficios o perjuicios que tal hábito genera.

La racionalidad dispuesta en el mundo para todos, es sin duda, un concepto denominado moderno de la sociedad actual, en la cual, la dominación se da precisamente desde las esferas del conocimiento, su producción y potestad, efectúan las transformaciones culturales que determinan a éstas y las homogeneizan o las dividen hasta el punto de la sangre.

Por otra parte, la Identidad referida a determinadas pautas, masivas y geográficamente imperceptibles, concatenadas con el hilo perfecto del lenguaje, estructura en formas absolutas e imperialistas los modos de ser, estar y gastar, más adecuados para el mundo, dejando fuera toda propuesta diferente de ser humano.

En estas tres esferas, podemos entender el status de la globalidad y cómo, desde las propias, se pueden establecer las transformaciones no para superponer, sino para concatenar armónicamente la diversidad y la alternancia.

La asunción de lo global, no sólo nos permite traspasar fronteras y tratar de entender los conceptos que definen a otros grupos sociales, además, permite la maravillosa oportunidad de transmitir ideas que derivan en otras personas como entidades emotivas, racionales y reales que despliegan otros tantos, conocimientos inéditos hasta que se comparten.

La forja de “mentalidades” cimienta entonces, todos aquellos conceptos que determinan a culturas enteras, lo que entendemos como nuestro mundo.

Esta unidad de valores y entendidos nos conduce irremisiblemente a revaluar aquellos conceptos de lo homogéneo para empezar a conceptualizar a su vez, lo que debemos entender por “bien homogéneo” y “mal homogéneo”.

Buscar procesos de equidad que fortalezcan lo igualitario para un beneficio colectivo sin que ello represente una obstrucción y detrimento al crecimiento cultural regional. Es decir, reconstruir los sistemas culturales para determinar conforme a derecho lo válido de lo ilegal, lo democrático de lo ético.

Así, podemos comenzar a proponer situaciones que, el ser como tal, asuma desde su pronta comprensión de estar inserto en un estrato compartido.

EDUCACAR ES FORMAR

Los cimientos de toda cultura o sistema, se reproduce incansablemente a partir de la constante escuela-familia-sociedad; en esta trinidad cultural, los individuos asumimos roles, aspiraciones y métodos para llegar a lo perfectible desde la cosmovisión “sugerida” a priori por otras grandes culturas dominantes poseedoras del poder, por supuesto, económico y por ende, social.

O tal vez, primero es lo social lo que busca los cambios y de ello se derivan las consecuentes formas de hacer economía y entonces, por ende, de dominación.

Pero de manera alterna y un tanto sesgada a las divagaciones conceptuales que me acechan, considero que el aspecto cultural de las sociedad, que en un sentido estricto va ligado a la producción de formas culturales, es en ésta misma, en la que se reproducen en sí otras tantas formas, estableciéndose como un ente independiente de influencia a la sociedad misma que la gesta y a los poderes a los que se sujeta.

Por ello, en esta convergencia de trasformaciones, podemos hablar de procesos que, aunque están dados de modo intrínseco, existe la posibilidad de establecer otros, inmersos en el mismo entramado cultural.

La educación es uno de tantos procesos que se auto generan ante la ingente necesidad de saber y por la obtención de conocimiento por sí mismo, que rebasa a esta propia necesidad.

Es a partir de este nicho formador que nos podemos apropiar de la libertad que implica la toma de decisiones que inciden en un grupo determinado.

El fenómeno de la globalización ya está dado como tal desde tiempos remotos y desde perspectivas ampliamente conocidas, ahora, es prácticamente imposible poder encontrar algo “nuevo” más allá de los confines del pacífico de China, con el pacífico de Canadá y no saber los modos de vida de comunidades del Polo sur o Groenlandia.

Ante tal situación, la globalización no es “algo” fuera de nuestro cotidiano, es lo cotidiano mismo, con perspectivas y variantes culturales, con métodos económicos dominantes y sin concomitancia geográfica.

La libertad es entonces un concepto virtual ejercido por aquellos que, concientemente, elaboran análisis de percepción del mundo que les rodea y deciden convivir con el conocimiento obtenido como modelo de producción.

PROPUESTA

Así, para ejercer esta libertad, la educación puede establecer plataformas para comprender la vinculación con la “globalización”, que debe ser tarea principal de sociedades en vías de desarrollo que corren el riesgo de ser sometidas ideológicamente, y subvencionar las estructuras culturales que conllevan la misma suerte, de ser extinguidas por aquellas dominantes.

I) Desde los programas en educación pública gestados por los gobiernos, hacia una meta que genere redes de conocimiento por niveles.

Ello implica comprometerse a establecer el entendimiento de la riqueza cultural heredada desde edades tempranas, para fomentar conciencia y respeto por el origen para comprender la diversidad.

II) Asimismo, enseñar a aprender las formas de analizar el mundo moderno, desde las diferentes formas de manifestarse por las culturas como la religión, su medio ambiente, economía y lenguaje.

III) Trascender por los niveles escolares, con la certeza de saber distinguir entre acciones globales y referentes locales, respeto por lo diverso y al mismo tiempo, capacitados para ser un ciudadano cosmopolita.

Las estrategias emprendidas por los gobiernos son sin duda, las principales acciones para establecer sociedades maduras con competencias a nivel mundial. Es desde la tribuna oficial que se debe perseguir objetivos de vinculación armónica, con fenómenos en los que indefectiblemente circulan y afectan a un conglomerado.

Las aulas, en el espacio académico, son la plataforma ideal para no sólo sentar bases de cambio cultural, sino para trascender al desarrollo por los puntos que ponen en movimiento equitativo, a una nación con respecto de otra.

CONCLUSIóN

En la medida que fortalezcamos la enseñanza del Ser, su interrelación con el mundo y sus formas, a entender cómo se originan los procesos de planificación de oportunidades, sustentabilidad del medio ambiente, podremos, entendido lo anterior y en un marco real y conciente de estar generando conocimiento, aspirar a que éste mismo se aplique como elemento fundamental para la incidencia volitiva de avance social.

La pobreza, (extrema o no) las enfermedades endémicas, las diferencias abismales de acceso a servicios básicos pero fundamentales, el analfabetismo (real y funcional), ecosistemas dañados e inaccesibilidad a infraestructura digna; deben ser erradicadas a partir, precisamente de la visión y función global, de la homogeneidad de criterios para efectuar y aplicar concretamente lo necesario en virtud del sentido de globalidad, por el aporte y compartimiento de información.

En ello deben radicar los constructos filosóficos que le den sustento a la convivencia comunitaria, masiva y lograr a través del conocimiento aplicado la posibilidad de ejercer una libertad de enfoque en el desarrollo armónico de las personas.

La educación es hoy, uno de los nichos transformadores de conglomerados, que gestan cambios profundos en las sociedades a través de su vinculación con la cosmovisión propia en interrelación sana con la diversidad cultural.

La ínter subjetividad en los humanos es aquella herramienta que nos dispondrá en el tablero de la globalización, la que junto con el poder de la información, dará a los sujetos desde su localidad, emplear la libertad que otorga el conocimiento y, así incidir plena y enfáticamente en lo que se le pide al sector que gesta y ejerce las políticas económicas y sociales, para lograr el equilibrio permanente entre ser parte de una totalidad con respeto por la idiosincrasia concreta y particular de la misma, sin trastocar al dignidad de las esencias.

Erika

1

VIOLENCIA Y TELEVISIÓN

El exceso de contenidos televisivos violentos genera una percepción sobredimensionada de estos fenómenos que no correlaciona con la realidad: nadie está diciendo o pretendiendo decir que la violencia de las pantallas sea la causa de la violencia en el mundo real. Lo único que se está aseverando es que existe mucha violencia en los programas televisivos, que una forma de aprender algo es observarlo y que igual se aprende observando elementos de la vida real que observando imágenes o escuchando palabras, emitidas unas y otras por el televisor.
Sanmartín, José

INTRODUCCIóN

La sociedad que actualmente conformamos, entre los avances tecnológicos, descubrimientos científicos, -que transforman desde lo mecánico hasta la genética- revoluciones ideológicas y transposición de sistemas económicos en todo el mundo, así como injerencia mediática totalitaria; son rasgos que nos sustentan como una comunidad determinada en este siglo veintiuno. Aunado a ello, la multiculturalidad existente, que en si misma determina también otras formas de ver el universo.

Específicamente, para hablar de la sociedad mediática, es efectuar un discurso sobrado de su conformación, rasgos e interpelación cotidiana, así como una singular estructura de sí misma en lenguajes audiovisuales como en el caso de la televisión concretamente, y el cómo dentro de este fenómeno de seres-medios de comunicación se configura la red de interacción.

Los MMC, han sido desde sus inicios, aunque progresivamente, agentes que en principio, se moldearon con base en situaciones ya definidas por un entorno y espacio específicos de grupos culturales con características propias. Ahora, estos medios de información han revolucionado de tal forma la manufactura de sí mismos y su relación con el individuo, que es éste, quien se moldea en torno a los primeros.

A través de la acción discursivo-visual de la televisión, se relacionan actualmente individuos que, desde su entorno, se apropian no sólo de imaginarios en los mensajes que el espectador recibe, generan además, identidades que la sociedad transfiere a lo cotidiano, efectuando así, apropiaciones de lo fantástico traspolado a lo real, con sus consabidas diferencias marginales.

En este ejercicio, somos un colectivo mediatizado, no regulado, rebasado en contenidos audiovisuales que ejecutan funciones que debiesen, en el sentido estricto de una nación libre y soberana, ejercer las instituciones del estado, que a Carta Magna, se suponen buscan configurar determinado tipo de sociedad, de acuerdo a lo que persigue y le identifica culturalmente; o bien, desde la propia necesidad de la sociedad de autorregularse y no de ninguna forma y en ningún sentido, una comunidad dirigida desde la tecnología de medios.

Una de las variantes en esta relación, llamémosle simbiótica, entre medios y sociedad, resulta protagonizada en forma nociva por la violencia y cómo, a partir de este fenómeno, puede reforzarse la idea más precisa de proponer el establecimiento de formas y métodos de apropiación de los medios, con sentido crítico, y diversificación del razonamiento en congruencia con las emociones del ser espectador, desde el aula, en el seno familiar y en la trinchera académica de formación de profesionales en comunicación.

No para generar una ruptura con las bondades de la tecnología, los medios y su utilidad, sino para fundamentar desde éstos nichos, las posibilidades de establecer el sano entendimiento de la interpelación mediática, su estructura, intereses ideológico-económicos y, derivar entonces, en una utilización conciente y madura de los MMC, específicamente de la televisión, como ventana hacia diversidades y no cómo instrumento tiránico en sociedades ignorantes.

TELEVISIóN, VIOLENCIA, SOCIEDAD

Una sociedad entre más informada se encuentre, tendrá mayores opciones de discernir sobre un aspecto u otro que le competa para su desarrollo.

Una sociedad más desarrollada, tendrá mayores posibilidades en lo económico y social de gestar educación para sus integrantes y actuar en congruencia.

Una sociedad educada podrá entonces, saber lo que desea obtener para su conformación, desenvolvimiento y sustento ante lo global, aceptando las divergencias y diversidades, pero sin trastocar los valores que la definen desde lo local.

Por ello, la creciente demanda de televisión en los hogares y su participación directa con los individuos, establece la urgente necesidad de plantear estrategias que equilibren esta relación tan íntima y vinculada.

Establecer este análisis partiendo no de una regulación del marco legal (que conviene mencionar, está aún sin posibilidades de generar cambios profundos) es prematuro e irreal. Por lo pronto. Las regulaciones económicas imperantes, nos indican que todavía la televisión conforma su organización regulatoria con base a intereses macro económicos, el fenómeno de la publicidad y su propia idiosincrasia mediática, no está dispuesta a ceder espacios que le frenen formas de allegarse a públicos determinados, no importando el costo para lograrlo, eso está visto.

Asimismo, las relaciones Medios-Estado, que buscan a través de mensajes, perpetuar sistemas que mantienen conciencias dormidas y lejos de cualquier discernimiento y, por ende, ruptura entre individuos e instituciones, así como nula exigencia de información que permita posibilidad de toma de decisiones, es también lejano y es todavía más fantástico, pensar en una posible autorregulación por parte de los corporativos propietarios de los medios.

Ante tal panorama y en la búsqueda de ventanas que permitan la entrada a opciones que equilibren este “ecosistema” mediático, en su apropiación, y en la posibilidad de opciones con las que los espectadores cuentan, es que se requiere de posibles soluciones a las implicaciones que la violencia televisiva efectúa en la sociedad, que requiere urgente atención desde tres esferas posibles de acción. Propongo.

Para determinar cuáles son los ámbitos desde los cuales se puede llegar a ejercer una transformación paulatina de la televidencia –término acuñado por Guillermo Orozco- (Deconstrucción pedagógica de la televidencia y sus mediaciones, Revista Iberoamericana, septiembre, 2001 Número 27) y su relación con el espectador, es necesario plantear en primer orden, una descripción de lo que significa violencia en términos que permitan ilustrar el porque se reconoce como una categoría problemática y no como un mero uso discursivo en los contenidos.

La violencia, dice un estudio de Igartua, es La expresión abierta de comportamientos que implican forzar físicamente a otra persona (o a uno mismo, como en el caso del suicidio), y por tanto incluye cualquier acción, en contra del deseo de uno, que cause heridas, la muerte (asesinatos), o la amenaza de herir o asesinar (Igartua, J.J. Congreso de Investigadores Audiovisuales, 1999 citando a: Gerbner y Gross, 1976; Signorielli, Gerbner y Morgan, 1995).

Esta descripción desde el ángulo de lo audiovisual, pone de manifiesto lo que en estudios se ha obtenido desde los años sesenta, como una inquietud conciente, no comprobada linealmente por la ciencia, pero con análisis detallado de su implicación negativa en la sociedad.

Asimismo para determinar qué se entendía por un acto de violencia televisiva, se tomó la definición de Mustonen y Pulkkinen (1997): ibídem Una acción que causa o pretende causar un daño a otra persona o a uno mismo, tanto de forma física o psicológica, e incluyendo amenazas implícitas, conductas no verbales y explosiones de cólera dirigidas contra animales y objetos inanimados (...). Una secuencia coherente e ininterrumpida en la que están implicados varios agentes o personajes desarrollando un mismo rol o papel.

No es el punto focal responder a la interrogante de si existe o no violencia a través de la televisión, ni si es un asunto que afecte a colectivos e incida en su forma de reaccionar en comunidad; los estudios efectuados muestran un ingente crecimiento y desbordado manejo de elementos violentos en los contenidos, ante ello y las variables anteriormente descritas, es que podemos entonces construir formas posibles de interacción sana y conciente del espectador, la televisión y sus mediaciones.

ESFERAS DE ACCIÓN SOCIO-MEDIÁTICAS

Dice uno de los activistas en pro de la cultura de medios desde mediados de los años sesenta G. Gerbner, que La televisión se presenta como un instrumento cultural que socializa conductas y roles sociales, afectando no tanto a las actitudes y opiniones sobre temas específicos, como a través del cultivo de asunciones más básicas sobre la realidad social (Gerbner y Gross, 1976).

Lo visualizado, lo que se presenta en los contenidos, se manifiesta a través de diversos tipos de abstracción por parte de los espectadores y es en ellos desde donde se realiza la transferencia a nivel cognoscitivo, con toda la potencia de la que es capaz la mente para sustraerse ante elementos que le confieren posiciones que en su cotidianidad no podría realizar.

I. Educación de los medios

Ante tal situación y la inminencia de que dichos rasgos continúen alterando el orden social por la permanencia de actitudes y textos que se subyacen en imágenes estéticas, pero con la incidencia de alta violencia verbal y no verbal, es harto necesario propulsar un encuentro en las aulas, desde los niveles preescolar y básico, con los medios desde una perspectiva analítica y con pleno uso de la razón, con apropiaciones adecuadas a rangos de edad y estímulos psicológicos así como dependiendo del entorno socioeconómico que les determine.

Para ello, el establecimiento de programas institucionales que determinen directrices básicas de apoyo a los profesores a impartir en el aula para los niveles preescolar y básico, significarían el detonante de configuración de individuos con conciencia de asunción.

Con posibilidad de construcción de análisis, razonamiento de contenidos y ejercicio crítico, propulsa sin duda alguna, lo que en veinte años a posteriori, será el perfil de los individuos que se conduzcan en sociedades que a su vez, incidirán en otras generaciones, en ello, espero no estar soñando.

Desde el Estado, la posibilidad se antoja irrisoria, por las ya consabidas asociaciones de poder existentes, pero una punta, un iceberg, es aquello que se debe buscar.
Bien lo traduce Joan Ferrés i Prats en su ensayo Educación en medios y competencia emocional La eficacia de la educación en medios está condicionada por la capacidad de los educadores para comprender a fondo lo que significa la experiencia de ser espectador, lo que implica tomar conciencia del peso de las emociones y del inconsciente en esta experiencia. (Seminario Internacional que se celebró en Sevilla, España, en febrero de 2002, www.unesco.org, 26.02.2005).
Es esta la raíz desde donde se pretende se desprendan las posturas que más adelante, redunden en cambios que yuxtapongan una práctica por una nueva cultura de acercamiento a los medios, a la televisión.

II. Aula para Padres

Así, la otra esfera posible de acción para lograr esta interrelación de concienciar con los medios debe darse de manera paralela, desde nichos muy concretos.

La familia, es aquella estructura básica desde donde se gesta la visión de la vida, así, aquellos a quienes se pudiese preparar en este ejercicio fascinante de análisis mediático, son a los padres de familia, tutores o quienes se encuentren a cargo de disponer el qué, cómo y quienes aprehenden a ser espectadores, aquellos que se encuentran en pleno desarrollo psico-social, así como aquellos que están ante la innovación de ejercer este derecho con poder conciente y discernidor.

Los esfuerzos en este ámbito, han dado ya frutos significativos. En 1997, surge ante la necesidad de encontrar mecanismos reguladores de acepción de una cultura a través de los medios, un grupo denominado En los medios, A favor de lo mejor, en el cual propagan ideas como ¿Qué desea ver en su hogar?, preguntan a los ciudadanos los promotores de esa coalición y responden ellos mismos: La amplia mayoría de los integrantes de la sociedad deseamos unidad, tranquilidad, ayuda, confianza, cariño. Queremos inocencia y ternura en nuestras niñas y niños. Queremos ideales, dignidad, virtudes en nuestras jóvenes y nuestros jóvenes... Queremos que se aprecie el valor de la familia, el matrimonio, los buenos modales, la consideración a los mayores, el respeto en el lenguaje. (Organizaciones Coordinadas para Mejorar los Medios de Comunicación, En los Medios A Favor de lo Mejor. Manual de Campaña. México, febrero de 1997, p 9).

Aunque lateralista e ideológicamente con tendencias muy afines sus intereses, agrupaciones de esta especie, refuerzan la idea de la necesidad de establecer inexcusablemente los mecanismos que permitan abrir al colectivo un razonamiento hacia lo que se ve y el cómo se percibe.

En México, por ejemplificar, el reto de transformar estas relaciones sociomediáticas, es por las alarmantes cifras que en un estudio elaborado por Raúl Trejo Delarbre, del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, asienta: En México se calcula que los niños, en promedio, han sido expuestos a 8 mil asesinatos y 100 mil acciones violentas en la televisión, al momento de terminar su educación primaria.

Ello no sólo debiera significar la razón única, exclusiva e inmediata para modificar códigos de relación entre gobierno y medios y lo que a los mismos se les permite al amparo de una ley obsoleta, sino desde la propia sociedad de exigir las regulaciones en cuanto a lo que se ofrece de manera directa.

En el ámbito de lo global, la UNESCO, en un seminario de análisis efectuado a razón de los productos audiovisuales, también emitió un informe de evidencias acerca de la apropiación de la transferencia de ver y oír violencia y afirma que: la exposición constante a las historias y escenas de violencia y terror, pueden movilizar tendencias agresivas, desensibilizar y aislar otras, intimidar a muchos y disparar acciones violentas en algunos… concluyendo: Hay una relación entre la violencia reportada por o desplegada en los medios y la violencia individual o de grupo, que es una realidad en las sociedades de nuestros días.

A razón de esta vinculación entre educación y medios, también la UNESCO, promulga lo que debiesen ser las bases para una educación formal en medios dicen ellos, como disciplina autónoma, y comparte la declaratoria siguiente que bien puede ser el punto de partida para establecer la pauta en el marco legal:
• Mediante la educación en comunicación se pretende enseñar y aprender sobre los medios de comunicación, más que con esos medios.
• La educación en comunicación comprende el análisis crítico y la producción creativa.
• La educación en comunicación puede y ha de tener lugar tanto en el ámbito de la educación formal como en el de la no formal. En consecuencia, ha de afectar de igual modo a los niños y a los adultos.
• La educación en comunicación ha de promover el espíritu de comunidad y de responsabilidad social, así como la autonomía personal.

III. Educación a los que “hacen” medios

Así, la tercer esfera puede enfocarse y debiese conformarse, desde la preparación de profesionales en las áreas de comunicación, las cuales, desde la disciplina académica, se estimule a quienes acuden a la misma con propósito profesional, para gestar una reivindicación ética de éste compromiso y una vez más, desde un ejercicio de escrutinio hacia el interior de la propia vocación.

Poder ejercer convicciones y desplegarla en productos televisivos con la influencia conciente de lo que se produce, desde el discurso hasta la selección de imágenes, deberá ser el pilar fundamental para la conformación del perfil del profesionista en Comunicación.

En este sentido vuelve a mencionar Joan Ferrés i Prats teniendo en cuenta la doble función que cumplen los medios –la de reflejo y la de moduladores–, y el carácter fronterizo de la experiencia de ser espectador, la educación en medios se debería plantear, ante todo, por qué gusta un mensaje audiovisual, por qué resulta gratificante, qué instintos satisface, si son positivos o negativos, constructivos o destructivos. Sólo desde esa toma de conciencia podrá el sujeto descubrir cuáles serán los efectos del mensaje.

CONCLUSIóN

Los diversos aspectos del fenómeno creciente de la violencia televisiva y sus posibles regulaciones convergen cuando de manera multicultural, desde lo global, se abstraen las mismas inquietudes y preocupaciones ante el enorme crecimiento de las identificaciones en la relación televisión-violencia-consecuencias en el colectivo y su incidencia colateral y absoluta.

Por ello, se desprenden esta serie de inconformidades que si se abarcan desde tres momentos en la sociedad, considero se puede entonces pensar en la posibilidad real, lenta, pero finalmente concreta, de aspirar a, deconstruir a partir de elementos dados en el seno familiar, reforzados en la escuela desde edades tempranas y en reciprocidad con lo éticamente elaborado en los contenidos programáticos, todo aquello que es susceptible de ser visualizado con ojo crítico, razonamiento y conciencia de lo que se está obteniendo a partir de un producto determinado.

REFERENCIAS BIBLIOGRáFICAS

Igartua, J.J. L. Cheng, E. Corral, J. Martín, J. Simón, R. Ballesteros y A. de la Torre La violencia en la ficción televisiva. Hacia la construcción de un índice de violencia desde el análisis agregado de la programación, www.revista Ibero Americana.com 26.02.2007

Citando a: Gerbner, G. y Gross, L. (1976): Living with television: the violence profile, Journal of Communication 26, 173-199 ibídem.

Garrido Lora, Manuel 40 años de investigación de los efectos de la violencia en prensa y televisión Revista de Comunicación Logos www.cem.itesm.mx Número 27, 26.02.2007

Trejo Delarbre, Raúl La televisión: ¿espejo, o detonador de la violencia en la sociedad? Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México en página Internet UNAM, 2005.

Organizaciones Coordinadas para Mejorar los Medios de Comunicación, En los Medios A Favor de lo Mejor. Manual de Campaña. México, febrero de 1997, p 9.

UNESCO Report, Violence and Terror in the Mass Media www.unesco.org, 26.02.2007

Ferrés i Prats Joan, Educación en medios y competencia emocional www.etcétera.com.mx, 26.02.2007

Sanmartín, José: Violencia: Factores biológicos y ambientales, con especial referencia al cine y la televisión 1998, Barcelona.

Orozco Gómez, Guillermo Audiencias, Televisión y educación: una deconstrucción pedagógica de la televidencia y sus mediaciones, Revista Ibero Americana, número 27, septiembre 2001.

Erika